Cuando tenía escasos cinco años, creía en la posibilidad de tener una familia a los 18, una carrera, una vida familiar lejana a los estereotipos de una sociedad mexicana, sexista y machista.
Con los años, descubrí que ese estilo de vida se alejaba poco a poco y que mis objetivos cada vez eran más ambiciosos. Chicas guapas por todos lados, infinidad de opciones para crecer, alcohol, drogas... Todo lo que deseara a mi alcance, la clave siempre fue para mí ignorar el que dirán, ser sólo yo, sólo lo que soy. Jamás me interesó ni un ápice la discriminación de las personas ni de mi familia propia en algún momento.
Hoy casi treinta años después sigo pensando lo mismo. Sólo tres cosas han destruido mi equilibrio: la muerte de mi padrino, la gran decepción amorosa y el distanciamiento de quien se suponía era mi mejor amiga de la adolescencia.
Sí, creía haber vivido todo ya... Jamás pensé que hoy volvería a las preguntas sobre una mujer que veía tan lejana a mi. Una mujer que amé en silencio durante tanto tiempo. Hoy es mi primer día lejos de ella, en todo aspecto. Hoy, ruego a la vida por que esa mujer no olvide, aunque sé que el olvido está lleno de memoria y aunque intente por todos los medios posibles olvidarme... Cada vez que bese a la otra persona, se va a acordar de mi.
Quiero seguir pensando que su destino son sus manos en mi espalda, que soy suya... Que es mía...
Sólo el tiempo y el espacio tan sabios podrán darme razones en el futuro. Sólo eso y una amplia paciencia tendrán que velar mi destino y mis sentidos.
Sé que no me equivoqué con ella... Quizás sólo deba esperar... Quizás sólo mi vida siga atada a ella como la mejor... de sus amigas
